EFECTO DUNNING-KRUGER, O POR QUÉ MUCHA GENTE OPINA DE TODO SIN TENER NI IDEA

“La ignorancia suele generar más seguridad que el conocimiento”. Charles Darwin.

Ser listo, muy listo, es el sueño de cualquiera, pero parecer listo, eso sí que tiene mérito. Reconocer que no se sabe, cuesta, es difícil, y por eso solemos optar por parecer más listos de lo que en realidad somos. Es decir, nos encanta hacer el ridículo, pero nos parece que somos lo más. 

Esto es lo que se ha venido en denominar el Efecto Dunnig-Kruger, que consiste en que algunas personas creen tener más conocimientos y capacidades de los que realmente tienen. Sobreestiman su inteligencia y tienen demasiada confianza en sí mismos. Así que se lanzan a opinar sobre todo lo que se menea sin tener ni idea.

Pero el tema no queda en, como dice el dicho: “más vale callarse y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas”, sino que estos superinteligentes hablan sentando cátedra, es decir, tratan de imponer sus opiniones sobre las de los demás, a pesar de no tener ninguna base intelectual o técnica que las avalen. Sería el “esto es así porque yo lo valgo.”

La consecuencia de todo esto es que el resto de los que son testigos de este comportamiento quedan como ignorantes o incompetentes. Las víctimas del Efecto Dunnig-Kruger tienen un pensamientos muy rígido y poco permeable, por lo que tratar con ellos sólo genera frustración y ganas de marcharte

Los psicólogos Dunning y Kruger realizaron una serie de experimentos para conocer mejor cómo es posible que no seamos conscientes de nuestra incompetencia en algunos ámbitos. Pasaron una serie de pruebas de inteligencia a un grupo de sujetos. Luego se les pedía que valoraran cómo creían que habían respondido. Los investigadores notaron que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Sin embargo, paradójicamente, las personas más competentes solían infravalorar sus propias capacidades.

Estos psicólogos concluyeron que las personas incompetentes en determinados conocimientos:

  • Son incapaces de detectar y reconocer su incompetencia.
  • No suelen reconocer la competencia del resto de las personas.

El Efecto Dunning-Kruger es un claro ejemplo de la estrecha relación que hay entre la estupidez y la vanidad. 

Las víctimas de este Efeto forman parte de muchas de nuestras conversaciones; es más, están deseando decir la suya para sentar cátedra. Pongamos algunos ejemplos de conversaciones en las que es muy probable que nos encontremos al clásico enteradillo que no es consciente de que lo es: cuando se habla de economía, cuando se habla de política y, especialmente, cuando el tema se centra en países opresores y oprimidos, cuando se habla de temas sobre historia…

Si estamos hablando de cualquier tema que conozco en profundidad, digamos de psicología, y alguien me suelta una serie de teorías absurdas que denotan que no tiene ni idea, y yo le digo que está hablando desde la ignorancia, lo más probable es que se me rebote y me diga que tengo que respetar su opinión (aunque sea una auténtica estupidez fruto de la ignorancia). Peor aún, algunos de los que están allí pensarán que soy un prepotente por decir eso. Sólo os pido que me imaginéis dándole lecciones a mi mecánico sobre algo sobre lo que tengo opinión y exijo que se me respete. El problema vendrá cuando arregle mi coche basándose en mi opinión.

Seamos conscientes. La mayoría de nosotros hablamos de temas sin tener ni idea de lo que hablamos, y confundimos nuestras opiniones con verdades que deben ser respetadas, cuando lo único que decimos es una tontería detrás de otra. Tengo muy claro lo que no sé y de lo que me gusta aprender, en lugar de pontificar. Este es un buen ejercicio. ¿Por qué tenemos que respetar tonterías sin sentido, sólo porque son opiniones? Las opiniones también deben tener una base de conocimiento.

PERO, ¿POR QUÉ OCURRE EL EFECTO DUNNIG-KRUGER?

Para realizar cualquier tarea de forma adecuada tenemos que tener, al menos, un mínimo de habilidades y competencias necesarias para poder realizar esa tarea con cierto éxito. Por ejemplo, si no conocemos las reglas de la Ortografía no podremos saber dónde nos equivocamos y como consecuencia – y muy importante para lo que estamos tratando aquí – no seremos conscientes de nuestras limitaciones, lo cual nos lleva al error de pensar que lo estamos haciendo bien y que no cometemos errores.

Cualquiera de nosotros puede ser víctima del Efecto Dunnig-Kruuger. Todos tenemos lagunas en nuestras competencias y áreas de conocimientos, por lo que en un momento dado podemos ser víctimas de este sesgo cognitivo.

El problema es que este Efecto tiene consecuencias en lo que las personas creemos, las decisiones que tomamos y las acciones que llevamos a cabo. Los psicólogos dicen que cuando somos víctimas del Efecto Dunnig-Kruger también mostramos déficits en la metacognición. ¿Y que significa esta palabreja? Pues que somos incapaces de pararnos y reflexionar sobre nuestras capacidads como si nos observásemos desde fuera. Es decir, que en una conversación, soltamos nuestra perla y nos quedamos tan anchos.

Otro de los factores que contribuyen a ser víctimas de este Efecto es disponer de un poco de conocimiento sobre un tema puede llevarnos a creer erróneamente a creer que sabemos todo sobre ese tema. Pero, como dice el adagio popular, “no hay nada más peligroso que un tonto con una idea”.

¿CÓMO PODEMOS SOBREONERNOS Y SUPERAR EL EFECTO DUNNING.KRUGER?

  • Aprender y practicar. En lugar de asumir que lo sabemos todo sobre un tema, intentemos aprender todo lo que podamos sobre el mismo. Así veremos cuánto nos queda por aprender. Esto nos ayudarña a combatir que somos expertos en algo, sin serlo.
  • Preguntar a otras personas sobre las opiniones que hemos dado. Es importante siempre disponer de críticas constructivas. Aunque nos cueste escucharlas, este feedback nos proporcionará una información valiosa sobre la forma en que otras personas observan nuestras capacidades.
  • Cuestiónate lo que ya conoces. Es importante hacerse preguntas y cuestionar lo que ya damos por conocido. Desafiar nuestras creencias es un ejercicio valiosísimo para ir un poco más allá de lo que pensamos y creemos. Busca información que desafié tus ideas.

Si observas que estas hablando y que hay un momento en que nadie te responde y los que están en la conversación parece que quieren ya dar por terminado el tema, posiblemente no es que les hayas convencido y que tengas razón. Posiblemente piensan que eres un plasta con el que ya no merece la pena hablar.

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