¿Qué están intentando decirnos los celos?

Los celos se experimentan como algo desagradable, pero, como cualquier otra emoción, nos proporciona información.

Los celos implican miedo y pensamientos angustiosos sobre una pérdida potencial. Generalmente, los celos son una respuesta emocional que se activa de forma actual o anticipada cuando alguien que queremos muestra interés por otra persona. Cuando una tercera persona amenaza el lazo que existe en una relación, podemos sentirnos inseguros, rechazados, preocupados, enfadados o con baja autoestima, entre otras emociones no deseadas.

La emoción de los celos deriva de la vergüenza. Nos informa de la existencia de un obstáculo entre nosotros y nuestro ser querido, alertándonos de una amenaza para la relación. La desconexión potencial experimentada en los celos a menudo implica una comparación social. Cuando experimentas celos, puedes asumir que otra persona está recibiendo la atención o la devoción que deseas para ti. Por alguna razón, la otra persona parece más deseable.

Este es el drama de la vergüenza y el orgullo cuando el termina predominando el orgullo en disminución. A resultas de esto, uno termina utilizando una o más respuestas de afrontamiento y defensivas típicas frente a la vergüenza de los celos, como retirarse, la evitación, atacarse a uno mismo o atacar al otro.

Una respuesta de celos que implica atacar a otros puede tener como resultado conductas agresivas o hirientes. Uno puede querer hacer daño a la persona a la que considera una rival controlando a la persona cuyos lazos tenemos miedo a perder. Ester enfoque se manifiesta en conductas dirigidas a romper la relación amenazadora o a reestablecer la relación primaria.

Mostrar conductas de evitación cuando se está celoso, por ejemplo, puede llevarnos a abusar del alcohol u otras drogas para aliviar nuestra ansiedad. Por medio de la evitación esperamos que la persona con la que tenemos la relación  se de cuenta y reestablezca el lazo. Atacarse a uno mismo puede llevar a todo tipo de conductas autolesivas. Aunque las respuestas defensivas frente a los celos suponen intentos para proteger la autoestima y preservar el lazo que se percibe como roto, pueden tener como resultado la depresión o la soledad.

Los celos pueden cegarnos. La percepción de la existencia de una amenaza a nuestra relación puede causarnos ansiedad, que produce inseguridad, haciéndonos muy sensibles a las señales emocionales negativas y afectando nuestra manera de ver el mundo. Más aún, la incertidumbre sobre una relación y el temor a la vergüenza puede llevarnos a una preocupación obsesiva sobre esa relación. Si no existe suficiente seguridad psicológica en la relación, o si se han experimentado pérdidas o abandono durante la infancia que interfieren con nuestro sentido de seguridad, podemos pasarlo muy mal trabajando en una experiencia de celos basada en la vergüenza.

Muchas situaciones en las que se disparan los sentimientos de celos tienen poco que ver con el comportamiento del otro o con el interés que nuestra pareja ternag en otra persona. En lugar de esto, tienen más que ver con la percepción que tenemos de nosotros mismos que se amplifica por el comportamiento de nuestra pareja con una tercera persona. Ya que los celos suelen implicar “comparaciones”, las personas que experimentan esta emoción suelen pensar que no dan la talla.

Las emociones han ido evolucionando para proporcionarnos información. Experimentar la toxicidad de los celos proporciona una rara oportunidad para aprender. Podemos hacernos algunas preguntas en lugar de frustrarnos por nuestra respuesta a la emoción. Por ejemplo, ¿tenemos la sensación de que carecemos de alguna cualidad que nos gustaría desarrollar? ¿Experimentamos celos porque tal vez esperamos de nuestra relación más de lo que nos puede dar? ¿Cómo nos percibimos y que estamos haciendo con nuestra vida en comparación con lo que hacen otros?

Los celos nos ofrecen la oportunidad de mirar dentro de nosotros, valorar lo que queremos, entender cómo queremos que nos traten los demás y reflexionar sobre lo que vamos a hacer con toda esta información.

En la parte menos constructiva, los celos no dejan de ser una emoción compleja que implica una amenaza real o percibida en la relación de pareja. Son emociones que van acompañadas de resentimiento, enfado, hostilidad, inadecuación y amargura. Aunque las percibimos de forma negativa, es bastante normal experimentar celos en las relaciones íntimas. Sin embargo, también los celos pueden convertirse en un problema serio. ¿Cuáles son los comportamientos que nos hablan de ello?:

  • Comportarnos de forma obsesiva.
  • Criticando a la pareja.
  • Buscándole defectos a nuestra pareja.
  • Culpabilizándolo.
  • Experimentar continuamente desconfianza.
  • Sospechar de cada comportamiento de nuestra pareja.
  • Actuar de forma sobreprotectora con la pareja.
  • Mostrar mal genio.
  • Comportándonos de forma verbalmente abusiva con nuestra pareja.
  • Controlando todo lo que hace y a dónde va.

LAS COMPLICACIONES FÍSICAS QUE PUEDEN OCASIONAR LOS CELOS

Como ya hemos visto, en dosis saludables, los celos pueden ayudarnos a clarificar y priorizar nuestras relaciones. Altos niveles de celos pueden deteriorar seriamente nuestra relación, pero también nuestra salud, pudiendo experimentar algunos de estos síntomas:

  • Dolores de estómago.
  • Dolores de cabeza.
  • Dolor en el pecho.
  • Hipertensión.
  • Palpitaciones por la ansiedad experimentada.
  • Pérdida o ganancia dde peso.
  • Insomnio o problemas de sueño.
  • Reducción de las defensas.

¿QUÉ PODEMOS HACER SI EXPERIMENTAMOS CELOS PROBLEMÁTICOS?

Buscar ayuda profesional nunca está de más. No sólo experimentar celos es un sufrimiento terrible, sino que convivir con una persona celosa se puede convertir en un auténtico calvario. Mientras tanto, hay algunas cosas que podemos hacer:

  • Afrontar nuestros miedos: los celos pueden surgir de nuestra inseguridad o de una pobre imagen personal. Esto incluye miedos a perder a nuestra pareja o miedos al fracaso. Una vez reconocemos estos miedos, estamos más preparados para afrontarlos, ya sea solos o con ayuda.
  • Clarificar nuestras expectativas: en cualquier relación resulta esencial desarrollar expectativas realistas sobre el tiempo que vamos a compartir con la otra persona y la otra persona con nosotros. Si tenemos una expectativas irracionales sobre lo que podemos esperar, seguramente empezaremos a culpabilizar al otro o a nosotros mismos. Es mejor y más sano trabajar juntos en la relación para desarrollar expectativas más realistas.
  • Ser abierto y honesto: las relaciones saludables descansan sobre una comunicación adecuada y potente. Si aparecen los celos, es mejor abordar el tema abiertamente en una conversación honesta sobre nuestros sentimientos, intentando resolver los malos entendidos con compasión y confianza mutua. 

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